¿Quién perdió y quién ganó con el cambio de alcalde en Culiacán?

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El proceso de desafuero, primero por juicio político y posteriormente por juicio de procedencia con implicaciones de orden penal que podría llevar a la cárcel al exalcalde Estrada Ferreiro, ha sido un largo conflicto que tiene un origen y una causa. El pleito inició por la falta de sensibilidad del expresidente municipal con dos sectores vulnerables de nuestra sociedad, primero su necedad de no otorgar un descuento (aprobado por votación en el Congreso del Estado) en el predial y el cobro del agua a pensionados, adultos mayores y discapacitados; asimismo, se negó a pagar lo correspondiente a las viudas de policías, a pesar de recibir una instrucción del propio presidente de la República, López Obrador, y de contar con la disposición de 20 millones de pesos del gobernador Rubén Rocha Moya.

En lugar de resolver fácilmente esos dos temas, el exalcalde decidió pelear con el Congreso, con la Fiscalía, con los medios de comunicación, con empresarios, con la Secretaría General de Gobierno y con el gobernador del Estado, además de desacatar la orden del presidente López Obrador, lanzando una serie de acusaciones sin ninguna prueba. El encono subió de tono y ahora hay investigaciones por “irregularidades en compras en el comité de adquisiciones del 2019” durante el primer periodo del hoy exalcalde. Ferreiro acusa de una “persecución política” y en su alegato insiste que esto se debe a que “se peleó con el poder”; pero lo cierto es que ninguno de sus supuestos “perseguidores” tuvo absolutamente ninguna participación en esas “compras irregulares” por las que ahora se le investiga.

Al expresidente municipal se le olvidaron dos reglas básicas: “si vas a enfrentarte al poder, hazlo primero por una causa ciudadana justa y, segundo, debes tener tus cuentas en orden y con transparencia sobre los recursos públicos que estuvieron bajo tu responsabilidad”. Yo mismo he enfrentado a dos exgobernadores de forma pública, a Malova por la corrupción de él y a algunos de sus colaboradores, lo que derivó posteriormente a que él fuera el primer exgobernador en reprobar sus cuentas públicas durante mi responsabilidad como diputado y presidente del Congreso del Estado; la causa ciudadana era contundente: el combate a la corrupción y su impunidad. Recuerdo que cuando salí del Gobierno del Estado en mi calidad de secretario de Desarrollo Económico se ordenó que me realizaran tres auditorías, las mismas que tuvieron cero observaciones. Posteriormente, el enfrentamiento con el exgobernador Quirino Ordaz fue en el Congreso y ante tribunales, encabezando una demanda de amparo de miles de niñas y niños representados por sus padres y madres para que se reinstalara el programa que otorga dos uniformes escolares gratuitos a 600 mil estudiantes de kínder, primarias y secundarias públicas. La causa social era a favor de la educación de nuestra niñez y del trabajo de más de 3 mil mujeres costureras. En el caso del exalcalde, lo hizo todo al revés. Su necedad y sus decisiones fueron en contra de la ciudadanía y sus cuentas públicas tienen esos rezagos que podrían derivar en responsabilidad penal.

Habrá quien diga que el exalcalde perdió; pero en verdad quien perdió todo este tiempo es un millón de culichis que vivimos aquí, porque es obvio que un alcalde que está concentrado en defenderse no tendrá cabeza, ni equipo, ni tiempo para defender a los culichis de los problemas y los retos que enfrentamos en esta ciudad todos los días. Con la llegada del nuevo alcalde Juan de Dios Gámez, los culichis ganamos un alcalde que no está enfrentado con nadie, que tiene una excelente relación con el gobernador y con la federación y puede enfocarse en trabajar a favor de las familias culichis de tiempo completo. Si en este cambio estuvo presente la mano del gobernador, pues deja muestra que sus 73 junios de experiencia están a favor de Culiacán; así que en hora buena para Sinaloa.

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