¿Juicio político a Rocha y Feliciano?

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Dice el dicho salamanquino que lo que natura non da Salamanca no lo presta, es decir, lo que la vida no te permite lograr, la universidad no te lo da, ni siquiera habiendo sido rector y tener grado de doctor en ciencias. Esto pudiera aplicar para el gobernador Rocha Moya y a los legisladores de Morena, que muestran muy poca estatura para gobernar, incluso en cosas de sentido común.

El titular de Ceapas, Francisco Javier López Cervantes, informa que en plena sequía 15 de las 18 juntas de agua potable se encuentran en quiebra, y solo tres tienen aún finanzas sanas: Culiacán, Mazatlán y Elota.
Tan solo con esa evidencia se le pudieran fincar cargos de abandono de la función pública a los diputados y al mandatario estatal por omitir actos para prevenir el agravamiento del estiaje y el quebranto de las paramunicipales de Sinaloa. 

El famoso descuento en el cobro del agua potable mediante la reforma legislativa, a personas que no lo necesitan asciende a 300 millones de pesos anuales, que están dejando de recibirse y que con ellos pudiera aminorar mucho del déficit de las Juntas, que además se ven privadas de beneficios de fondos federales concurrentes, cuando son solventes.

Pero, además, por la magnificencia de los morenistas regalando el líquido es posible ver en diferentes rumbos de la ciudad gente irresponsable regando banquetas y calles, mientras las presas se vacían.
Si hubiera oposición, con el antecedente de Estrada Ferreiro, se les fincarían responsabilidades para desafuero a Rubén Rocha Moya y Feliciano Castro Meléndrez por atentar contra la salud financiera de los organismos paramunicipales y agravar el problema de la escasez del vital líquido.

¿A quién se le ocurre abaratar el agua en un estado con sequías endémicas y juntas quebradas? Solo a ellos, porque son “diferentes”.

Y no es algo aislado. Es una tras otra. El impuesto presidente de Culiacán, llegó echando bala, destruyendo macetas en los espacios peatonales del centro de la ciudad y anunciando que construirá un periférico de tres mil millones de pesos, cuyo proyecto se conocerá en noviembre, cancelando una discusión responsable en torno al ingente problema de movilidad que padecemos y empeora día a día como ocurre con las principales capitales del país: Xalapa, Monterrey, Mérida, Guadalajara, Querétaro.

Parten del infantilismo de considerar al proyecto del metrobús como una idea de “Estrada Ferreiro” y no una iniciativa largamente consensuada en más de una década para evitar el colapso en el traslado de personas y mercancías en la ciudad.

La capital tiene 820 mil habitantes, de los cuales más de 643 mil salen de sus hogares diariamente para ir a la escuela, trabajo, visitar familiares. 

Se tienen, además, 540 mil automotores, de particulares, negocios, taxis, de transporte público que son ineficaces, pues al paso que vamos, dado que hay varios carros por familia y otros tantos por negocios, en diez años habrá un automóvil por cada persona que salga a las calles. 

Es imprescindible una consulta pública sobre esta decisión para la problemática del transporte que el gobierno de la 4T pretende abordar privilegiando al automóvil.

A los morenistas que tanto gustan de las consultas a modo, y que en Sinaloa la ensayan con la envenenadora planta de fertilizantes de Topolobampo, o si se realiza el carnaval de Mazatlán, hay que exigirles una consulta ciudadana para decidir si se construye un periférico o se invierte en resolver el problema del transporte colectivo.

Juan de Dios Gámez Mendívil es uno de los alcaldes con menor perfil que ha tenido Culiacán, que ha sido dirigido por gente fogueada como Fortunato Álvarez Castro, Lauro Díaz Castro, Jorge Romero Zazueta, Gustavo Guerrero Ramos, Ernesto Millán Escalante, Sadol Osorio Salcido, Jesús Enrique Hernández Chávez, Aarón Irízar, Jesús Vizcarra Calderón. Está muy por debajo de los controvertidos Héctor Cuen, Aarón Rivas, Sergio Torres, Jesús Valdés, pues Gámez no tiene experiencia ni siquiera de regidor. Su único mérito es ser ahijado de su padrino y personal de apoyo durante su carrera política.

Con un presidente municipal sin visión ni proyecto, ojalá y Rubén Rocha no haya condenado al municipio a padecer una de las administraciones más mediocres, al nivel de una de sus anodinas secretarías de su gabinete.

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