La cineasta Anaïs Taracena: “Guatemala sigue muy polarizada por su historia”

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La directora guatemalteca Anaïs Taracena ha sido premiada esta semana en Suiza por su primer largometraje documental, “El silencio del topo”, una historia que ahonda en el sangriento conflicto interno que vivió Guatemala entre 1960 y 1996 y que, según la realizadora, sigue sin cicatrizar.

“Sigue siendo un tema muy sensible, muy polémico, en el que la opinión guatemalteca está muy polarizada e incluso hay quienes niegan la dimensión de lo pasó”, contó Taracena en una entrevista para Efe al recibir el premio en el Festival y Foro de Derechos Humanos de Ginebra.

Su documental busca rescatar del olvido la figura del periodista Elías Barahona, un suerte de “agente doble” que entre 1976 y 1980 fue el secretario de prensa y mano derecha del ministro de la Gobernación Donaldo Álvarez Ruiz, uno de los principales responsables de la represión de aquellos años.

Desde allí pasaba información a una de las guerrillas y gracias a ello muchos opositores que estaban en las listas de futuros ejecutados pudieron salvar su vida marchando al exilio, un camino que el propio Barahona escogió en 1980, dejando su país durante 18 años y estableciéndose en Nicaragua.

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El documental muestra imágenes de un Barahona recién exiliado, en Panamá, donde en una rueda de prensa denunció el uso de escuadrones de la muerte y políticas de tierra quemada para eliminar miles de enemigos políticos del Gobierno, con técnicas similares a las usadas pocos años antes por Estados Unidos en Vietnam.

Una década de acercamiento a Elías

Taracena conoció la historia de Elías a través de su hermano David Barahona, a quien conoció al realizar su primer cortometraje (“De tripas corazón”, en 2011) y tras ello se decidió a rodar su testimonio en el juicio por el célebre incendio de la Embajada de España en Guatemala de 1980.

En aquel fuego provocado murieron 37 personas, entre ellas funcionarios españoles de la legación, pero sobre todo activistas indígenas y estudiantiles que se habían refugiado en ella para denunciar la represión del Gobierno guatemalteco contra todo elemento opositor.

“Elías murió pocas semanas después (de prestar testimonio en aquel juicio, en 2014) y fue entonces que decidí realizar una investigación más profunda”, una investigación que cristalizó siete años después con el estreno del documental.

Hubo que hacer mucho trabajo de documentación, consultar muchos archivos no sólo de Guatemala sino también en México, en Cuba, en Europa”, recordó la directora, quien reconoció dificultades a la hora de buscar testigos que se atrevieran a hablar ante la cámara de temas aún sensibles en el país.

“En la filmación se producen revelaciones que no se esperaban, momentos de catarsis que tienen que ver con el proceso creativo y que son muy mágicos”, explicó al describir los relatos de amigos, familiares, colaboradores e incluso admiradores de Barahona que aparecen en los 91 minutos de metraje.

Conocer la Guatemala pasada para entender la presente

“El silencio del topo” no sólo reflexiona sobre el traumático pasado guatemalteco sino que también mira a un presente aún marcado por la violencia, un país que según la propia realizadora aún “tiene miedo” y arrastra el legado de aquellos años de represión.

“Guatemala está peor ahora que hace 10 años, su sistema de Justicia está totalmente cooptado y el anterior presidente (Jimmy Morales) retiró la comisión creada por Naciones Unidas contra la impunidad y la corrupción después de 11 años de labor”, recordó Taracena.

“Muchas ONG están comenzando a ser criminalizadas y perseguidas, así como defensores de la tierra en zonas de alta conflictividad con las explotaciones mineras e hidroeléctricas”, lamentó.

En opinión de la directora, el giro “ultraconservador y antiderechos humanos” que está tomando el país es preocupante y, aunque ella no se siente personalmente amenazada y sigue interesada en dar dimensión social a sus producciones, “cualquier persona que intente defender los derechos humanos es acusada de comunista o terrorista”.

En ese contexto, el premio en el festival de Ginebra, unido a otros recibidos a lo largo de los últimos meses en festivales de Reino Unido, México, Kosovo y otros países, “podría ayudar a que se estrene el documental en Guatemala, pese a que obviamente trate temas aún delicados y polémicos”.

La directora espera que ese estreno se pueda materializar en mayo, aunque antes de ello “El silencio del topo” pasará por otros festivales, entre ellos los de Málaga (España) y Toulouse (Francia).

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