Contra el discurso de la ‘narcocultura’

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Guadalajara, Jalisco.- Para el escritor y académico Oswaldo Zavala, profesor de literatura y cultura latinoamericana en The College of Staten Island y en la City University of New York (CUNY), hablar de la forma en cómo se ha construido desde el Estado la cultura del narcotráfico es un tema constante

En su más reciente libro, La Guerra en las Palabras. Una historia Intelectual del Narco en México, publicado por la editorial Debate, elabora cronológicamente cómo entraron al vocabulario de los mexicanos conceptos como “buchón“, “sicario“, “cártel“, “levantón” e incluso “la guerra contra las drogas“. 

Este itinerario intelectual comenzó cuando Oswaldo era reportero en Ciudad Juárez, durante los años 90, con una visión disidente del fenómeno del narcotráfico intuida también por sus compañeros periodistas. 

“El modo del que se hablaba de estas organizaciones o de lo que supuestamente ocurría en ciudades como Juárez provenía de un discurso y una manera de presentar los hechos que hacían las instituciones en México y desde luego en Estados Unidos. 

“Iban imponiendo un sentido, una explicación, una forma de pensar y de percibir la violencia que empezaba a ser cada vez más preocupante desde entonces. Había una disputa sobre cómo entender simbólicamente, y luego como periodistas, los hechos, porque las instituciones decían cosas que no necesariamente correspondía con lo que estábamos viendo como reporteros en la ciudad”, explica el chihuahuense. 

Para el autor hay una historia sobre cómo se construyó este discurso oficial que manufactura mitos, personajes y fantasías para explicar la inseguridad y la violencia que provienen desde el Estado, así como la militarización.

Zavala empezó a estudiar literatura sobre el narco en 2007 para pensar la ficción sobre el tema y extenderlo a muchos otros productos culturales. 

“Me di cuenta muy rápido de que lo que sucede en esto que llamamos de modo muy laxo ‘narcocultura‘ es que se repite la misma historia: la idea de los cárteles en posesión del territorio y en disputa, generando la violencia y la guerra, los actores que se repiten, jefes, sicarios, operadores financieros, Malverde, buchón, buchona estos personajes que parecen loterías y que se organizan alrededor del concepto narco”.

En este estudio, Zavala descubrió que la literatura no estaba representando una realidad sino que estaba aportando, construyendo y legitimando el discurso del Estado.

La música, la televisión, los libros, incluso el arte conceptual y el periodismo repiten esos discursos y a Oswaldo Zavala le interesa entender cómo se construyen.

“El modelo en realidad no es complicado: la primera inscripción son las instituciones oficiales. Hay un primer filtro que es el periodismo que legitima el discurso oficial y le da apariencia de realidad y le da una coherencia. En tercera instancia aparecen los productos culturales de manera muy dominada. 

“Los productos culturales están en la posición más subordinada del discurso: uno se imagina que los intelectuales, los músicos, cineastas, los que hacen series de televisión son personas muy brillantes y han pensado con mucho cuidado todo esto y la gran mayoría de las veces no solo no han pensado nada, sino que están reproduciendo el discurso oficial de manera acrítica y por eso es tan uniforme el relato, por eso todos se parecen”, dice Zavala. 

Según el autor, para realmente entender qué cosa decimos cuando decimos “guerra contra el narco” no podemos pensar en los traficantes, los traficantes “no son los generadores de ese discurso, son objetos del discurso”. 

El análisis del libro propone que el discursos de los cárteles que controlan al País, incluso las narrativas que afirman que el Gobierno no es capaz de controlarlos o que está rebasado, son lugares cómodos para el Estado y sirven para justificar una política de exterminio de poblaciones marginadas y empobrecidas pero con la ficción de un solo enemigo omnipotente que necesita la militarización. 

Lo que Zavala hace en el libro es historizar cómo aprendimos ese lenguaje desde los años 40 hasta la actualidad

Analiza hechos como el asesinato de Enrique Camarena, el agente de la DEA asesinado por Rafael Caro Quintero, pasando por la aparición del Cartel de Juárez y hasta la estrategia del Gobierno de Felipe Calderón.

Finalmente, aunque construir otro lenguaje, que sea crítico y contestatario con la historia oficial, es complejo, Zavala cree en la posibilidad de empezar a cuestionarlo. 

Al final del día construye un museo ficticio, dentro de Los Pinos, donde se incluyan los archivos de la guerra y sus consecuencias, pero también todos los objetos y artefactos que operan en la construcción del discurso, como los que se encuentran en el Museo de los enervantes en la Sedena para entrenamiento de cadetes. 

Algo así como el museo de la STASI, la agencia de inteligencia de Berlín, con un centro de operaciones de inteligencia, uno de los más grandes del planeta de espionaje que desapareció tras la caída del Muro de Berlín. 

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“(Esos lugares) hablan de cómo se construyen estas historias de guerras y explica cómo memorializarlas lo que haces es interrumpir que se sigan narrándose sin cuestionamientos, pensé en un museo que impida reactivar el discurso antinarco para que podamos hablar un día de una operación terminada”.

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