Alejandro Vázquez Ortiz conecta historias a través de una carretera en nuevo libro

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Sinaloa, México. El escritor regio Alejandro Vázquez Ortiz vuelve a desprenderse del género del cuento para adentrarse en la novela con El corredor o las almas que lleva el diablo (Literatura Random House), una obra donde convergen la violencia y la desesperación de varios personajes y donde una carretera será el hilo que conecte sus historias.

¿Cómo definiría o engloba esta novela?
La gran anécdota es una carrera ilegal entre la carretera de Monterrey a Saltillo, y vamos a ver a lo largo de la novela todas las historias de los corredores que se embarcan en estas carreras, y los resultados que obtienen básicamente son terribles.

Reúne varias historias, desde una mujer a punto de dejar a su esposo o una mujer que prefiere dormir a la orilla de la carretera… pero siempre hay una sensación de peligro, de tensión
Sí, es un tono donde todos los personajes están atrapados, orillados entre la espada y la pared, y cada uno tiene sus motivaciones específicas para estar en la situación en la que están. Por ejemplo, desde las pérdidas de algún familiar en algún choque o esta mujer migrante que duerme al lado de la carretera y quiere regresar a los Estados Unidos, o gente que no puede pagar las hipotecas. Todos están en esta tensión casi estructural, ese es el ambiente en el que viven, de violencia, de tensión y a partir de ahí tienen que tomar sus decisiones. Una novela marcada por la estética de la industria. 

La violencia abordada no es gráfica, sino una violencia sistemática
Una de las cosas que me decían de esta novela era cómo la violencia ya se volvía una cuestión estructural, cómo los personajes, por un lado, la vivían y, por otro lado, la ejercían, casi sin cuestionamientos. No sé si se pueda decir que es una segunda revisión sobre la novela, entre comillas, del narco, pero sí es una cuestión en donde ya la violencia es una cosa estructural, metida en el sistema, en el desarrollo social y que ya se acepta y se vive con cierta cotidianidad. Un colega, Ramón López Castro, con el que trabajé la novela, decía algo terrible sobre el norte, pero muy cierto y es ‘quizá en el norte de México lo que hay que explicar no es la violencia, sino más bien el periodo de paz que hubo más o menos entre 1980 y el 2000’.

‘El corredor o las lamas que lleva el diablo’ ya se encuentra en librerías físicas y digitales.

¿De dónde surge la idea de contar la novela a través de varias historias y que estas se entrelacen?
Yo me dedico más o menos a ese mundo, por eso conocía los entresijos y las entrañas de toda la industria que sale reflejada ahí, fui destrazando varios personajes, dándoles a cada uno sus motivaciones, que es una cosa muy importante, y que al fin y al cabo esa era mi intención, que al final todas esas vidas confluyeran en esta carrera y que después cada uno tuviera sus destinos. Me interesaba mucho la aleatoriedad de la ciudad y que se fueran encontrando poco a poco.

A pesar de conocer dicho mundo con familiaridad, ¿hubo algo complejo en la creación? 
Sí fue complejo. Yo tengo trabajo en la literatura, he ganado varios premios, pero sí más por el lado del cuento. El cuento es lo contrario de esta novela, es un pasaje muy breve dentro de una vida, entrar y salir y ya está. Aquí la complejidad estaba en que eran muchas historias, muchas vidas y lograr este cruce hasta cierto punto armonioso. Y todavía al final hacer muchos ajustes en lo que creo que también hace que la novela se lea de otra forma, que es la estructura, una en donde todo está como un rompecabezas y a través de la lectura vas armando y conectando todo lo que ocurra. 

Me recordó un poco a estas películas de Alejandro González Iñárritu donde hay varias historias y no sabes cómo será su cruce
Alguno me comentó esa similitud, en particular con Amores perros. También sí hay literatura sobre automóviles, que es una referencia y una coordenada muy importante, como la novela Crash, de Ballard, y algunos otros que estuve consultando.

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